Introducción

Este miércoles comparto algo un poco diferente.
Hace apenas unos días, el calendario me recordó que tocaba sumar una vela más, y entre mensajes, bromas y alguna porción de tarta, me tomé un momento para echar la vista atrás. Y no solo a nivel personal, sino también profesional, porque a estas alturas tengo bastante claro lo que aprendes como administrador de fincas: no todo está en los libros, ni en los cursos, sino en el día a día con las comunidades, los retos y las personas.

Esta aventura llamada Gesfincas Motril no es nueva. Empezó con más ganas que medios y muchas horas de despacho, teléfono y reuniones a la espalda. Y hoy, con el recorrido que llevamos, me apetecía compartir algunas de esas lecciones que el tiempo —y el oficio— me han enseñado.


Lo que no te cuentan (pero acabas descubriendo)

Cuando empiezas en este mundillo, todo parece girar en torno a juntas, actas y normativas. Y sí, eso es parte fundamental del trabajo. Conocer la legislación, elaborar presupuestos, gestionar cobros, mantener al día los contratos de mantenimiento… Todo eso es el corazón técnico de la profesión, y sin esa base no hay gestión que valga.

Pero pronto descubres que hay una capa más profunda: la del trato humano. Porque saber redactar un acta es importante, pero saber cómo comunicarla para que todos la entiendan, también lo es. Y es ahí donde empieza la parte que nunca te explican.


Personas antes que propiedades (pero sin perder el control del edificio)

Aunque gestionamos comunidades, lo que más gestionamos son personas. Sus tiempos, sus preocupaciones, sus prioridades… y también sus diferencias.

Con el tiempo, aprendes a escuchar de verdad, a leer el contexto, a negociar con empatía y a calmar tensiones con una mezcla de firmeza, paciencia y sentido común. Todo eso sin dejar de llevar el control de las cuentas, coordinar obras, resolver averías o tramitar ayudas públicas.

Cada comunidad tiene su carácter: hay comunidades muy activas y otras más tranquilas; algunas quieren soluciones inmediatas y otras valoran el acompañamiento a largo plazo. Adaptarse a cada una forma parte del trabajo… y también de lo bonito.


Evolucionar con el oficio: lo que aprendes como administrador de fincas

Con cada año que pasa, descubres nuevas formas de hacer mejor tu trabajo. Herramientas, rutinas y, sobre todo, experiencia: lo que aprendes como administrador de fincas va mucho más allá de la teoría. Se encuentra en los detalles del día a día, en las decisiones que tomas bajo presión y en cómo consigues que una comunidad confíe en ti.

Aprendes a organizar mejor tu tiempo, automatizar tareas y priorizar lo importante. Y también a asumir que no pasa nada si algo se escapa de vez en cuando: lo importante es estar, responder y buscar soluciones.

En mi caso, he comprobado que una actitud positiva (aunque no siempre sea fácil) marca la diferencia. Un correo claro, una llamada a tiempo o una pequeña acción proactiva pueden evitar muchos dolores de cabeza.

Incluso algo tan simple como recordar a una comunidad que ajuste el horario del riego automático antes del verano… puede salvar más de una planta (y alguna que otra queja).


Elegirlo una y otra vez

A pesar de los días intensos, de los imprevistos y de esas juntas que se alargan más de lo previsto, seguiría eligiendo esta profesión sin dudarlo.

Porque hay pocas cosas más satisfactorias que ver cómo una comunidad funciona mejor, cómo se resuelven los conflictos y cómo se agradece un trabajo bien hecho.

Y porque los pequeños detalles también cuentan: el vecino que te saluda por la calle, la comunidad que te recomienda, o ese “menos mal que estás tú” que, aunque breve, te anima a seguir.


Conclusión

Estos días atrás no solo he celebrado un año más. He celebrado todo lo que aprendes como administrador de fincas cuando llevas ya años recorriendo este camino: adaptarte, anticiparte y, sobre todo, seguir aprendiendo con cada comunidad. Porque gestionar no es solo aplicar normas, es entender a las personas y dar respuestas reales a problemas concretos.

Gracias a todas las comunidades que habéis confiado en Gesfincas Motril, por permitirme seguir aprendiendo y creciendo a vuestro lado.

Y si has llegado hasta aquí, te dejo una pista: en las próximas semanas compartiré algunos consejos prácticos que he ido aprendiendo a base de experiencia.
No son fórmulas mágicas… pero sí tienen ese punto de “esto o lo aprendes por las malas, o alguien te lo cuenta”.

Por ejemplo:

  • ¿Por qué conviene no dejar para el último día la renovación del seguro de la comunidad?
  • ¿O cuándo es el mejor momento para convocar una junta si quieres que realmente venga alguien?

Pronto lo sabrás.


¡Hablemos!

Y si estás pensando en cambiar de administrador o quieres conocer de primera mano cómo trabajamos, en Gesfincas Motril te lo ponemos fácil:
Pruébanos 2 meses y luego decides. Sin compromiso, sin letra pequeña y con la confianza de siempre.

Dirección: C/ Enrique Montero, 24 (Motril)
Teléfono: 722 388 410
Email: administracion@gesfincasmotril.com
Web: www.gesfincasmotril.com

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